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Preguntas sobre el CAtolicismo
Bienvenidos a las preguntas más frecuentes sobre la fe Católica. Aquí encontrarán
herramientas que les ayudarán a explorar las enseñanzas de la Iglesia Católica.
Quién es JesucristoPor qué la fe católicaComo regresar a la IglesiaConfesiónLa Eucaristía y la MisaLos SacramentosEl Matrimonio y el don de la Sexualidad HumanaLas Cuestiones MoralesLa iglesia y el PapaMaria y los santosSalvaciónEscritura y TradiciónComo invitar
Los católicos adoran a Dios de la misma manera que la Iglesia primitiva y los apóstoles que fundaron la fe cristiana. Nos reunimos para adorar a Dios, escuchar su palabra, orar unos por otros y, sobre todo, celebrar la Eucaristía (hasta hace 500 años, todos los cristianos la celebraban así). La Eucaristía es nuestra participación personal en el sacrificio salvador de Cristo, y creemos que Cristo está verdaderamente presente con nosotros en su Cuerpo y Sangre, alma y divinidad. Jesús instituyó la Eucaristía en la Última Cena (Mateo 26), y esta se convirtió en la principal forma en que la Iglesia celebraba en comunidad. Leemos en Hechos 2:42 que la iglesia primitiva «se dedicaba a la enseñanza de los apóstoles, a la vida comunitaria, a la fracción del pan y a la oración». ¡Los católicos han hecho precisamente eso durante más de 2000 años!
En resumen, creemos que Cristo está verdaderamente presente porque Él mismo nos lo dijo. En Juan 6:49-58, Jesús explica: «Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida». Cuando la gente protestó, no los corrigió, sino que explicó además: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día postrero».Esta proclamación de Juan 6 se cumplió cuando, en la Última Cena, Jesús estableció el «nuevo y eterno pacto» para el perdón de los pecados. «Mientras comían, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: “Tomad y comed; esto es mi cuerpo”». Entonces tomó una copa, dio gracias y se la dio, diciendo: «Beban de ella todos, porque esta es mi sangre del nuevo pacto, que será derramada por muchos para el perdón de los pecados». (Mateo 26:26-28)Los primeros apóstoles y discípulos lo entendieron claramente. De hecho, san Pablo les dice a los corintios: «Porque yo recibí del Señor lo que también les transmití: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que por ustedes es entregado; hagan esto en memoria de mí”. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; hagan esto, cada vez que la beban, en memoria de mí”». Porque cada vez que coméis este pan y bebéis de esta copa, anunciáis la muerte del Señor hasta que él venga.Por lo tanto, cualquiera que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente tendrá que responder por el cuerpo y la sangre del Señor. (1 Corintios 11:23-27)
Cristo, se arguye, podría estar hablando simbólicamente. Él dijo: “Yo soy la vid” y Él no es una vid; “Yo soy la puerta” y Cristo no es una puerta.Pero el contexto en el que el Señor Jesús afirma que Él es el pan de vida no es simbólico o alegórico, sino doctrinal. Es un diálogo con preguntas y respuestas como Jesús suele hacer al exponer una doctrina.A las preguntas y objeciones que le hacen los judíos en el Capítulo 6 de San Juan, Jesucristo responde reafirmando el sentido inmediato de sus palabras. Entre más rechazo y oposición encuentra, más insiste Cristo en el sentido único de sus palabras: “Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida” (v.55).Esto hace que los discípulos le abandonen (v. 66). Y Jesucristo no intenta retenerlos tratando de explicarles que lo que acaba de decirles es tan solo una parábola. Por el contrario, interroga a sus mismos apóstoles: “¿También vosotros queréis iros?”. Y Pedro responde: “Pero Señor… ¿con quién nos vamos si sólo tú tienes palabras de vida eterna?” (v. 67-68).Los Apóstoles entendieron en sentido inmediato las palabras de Jesús en la última cena. “Tomó pan… y dijo: “Tomad y comed, esto es mi cuerpo.” (Lc 22,19). Y ellos en vez de decirle: “explícanos esta parábola,” tomaron y comieron, es decir, aceptaron el sentido inmediato de las palabras. Jesús no dijo “Tomad y comed, esto es como si fuera mi cuerpo.es un símbolo de mi sangre”.Alguno podría objetar que las palabras de Jesús “haced esto en memoria mía” no indican sino que ese gesto debía ser hecho en el futuro como un simple recordatorio, un hacer memoria como cualquiera de nosotros puede recordar algún hecho de su pasado y, de este modo, “traerlo al presente”. Sin embargo esto no es así, porque memoria, anamnesis o memorial, en el sentido empleado en la Sagrada Escritura, no es solamente el recuerdo de los acontecimientos del pasado, sino la proclamación de las maravillas que Dios ha realizado en favor de los hombres. En la celebración litúrgica, estos acontecimientos se hacen, en cierta forma, presentes y actuales. Así, pues, cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, hace memoria de la Pascua de Cristo y ésta se hace presente: el sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en la cruz permanece siempre actual (ver Hb 7, 25-27). Por ello la Eucaristía es un sacrificio (ver Catecismo de la Iglesia Católica nn. 1363-1365).San Pablo expone la fe de la Iglesia en el mismo sentido: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?”. (1Cor 10,16). La comunidad cristiana primitiva, los mismos testigos de la última cena, es decir, los Apóstoles, no habrían permitido que Pablo transmitiera una interpretación falsa de este acontecimiento.Los primeros cristianos acusan a los docetas (aquellos que afirmaban que el cuerpo de Cristo no era sino una mera apariencia) de no creer en la presencia de Cristo en la Eucaristía: “Se abstienen de la Eucaristía, porque no confiesan que es la carne de nuestro Salvador.” San Ignacio de Antioquía (Esmir. VII).Finalmente, si fuera simbólico cuando Jesús afirma: “El que come mi carne y bebe mi sangre…”, entonces también sería simbólico cuando añade: “…tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día” (Jn 6,54). ¿Acaso la resurrección es simbólica? ¿Acaso la vida eterna es simbólica?Todo, por lo tanto, favorece la interpretación literal o inmediata y no simbólica del discurso. No es correcto, pues, afirmar que la Escritura se debe interpretar literalmente y, a la vez, hacer una arbitraria y brusca excepción en este pasaje.Si la misa rememora el sacrificio de Jesús, ¿Cristo vuelve a padecer el Calvario en cada Misa?La carta a los Hebreos dice: “Pero Él posee un sacerdocio perpetuo, porque permanece para siempre… Así es el sacerdote que nos convenía: santo inocente…que no tiene necesidad de ofrecer sacrificios cada día… Nosotros somos santificados, mediante una sola oblación… y con la remisión de los pecados ya no hay más oblación por los pecados.” (Hb 7, 26-28 y 10, 14-18).La Iglesia enseña que la Misa es un sacrificio, pero no como acontecimiento histórico y visible, sino como sacramento y, por lo tanto, es incruento, es decir, sin dolor ni derramamiento de sangre (ver Catecismo de la Iglesia Católica n. 1367).Por lo tanto, en la Misa Jesucristo no sufre una “nueva agonía”, sino que es la oblación amorosa del Hijo al Padre, “por la cual Dios es perfectamente glorificado y los hombres son santificados” (Concilio Vaticano II. Sacrosanctum Concilium n. 7).El sacrificio de la Misa no añade nada al Sacrificio de la Cruz ni lo repite, sino que “representa,” en el sentido de que “hace presente” sacramentalmente en nuestros altares, el mismo y único sacrificio del Calvario (ver Catecismo de la Iglesia Católica n. 1366; Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios n. 24).El texto de Hebreos 7, 27 no dice que el sacrificio de Cristo lo realizó “de una vez y ya se acabó”, sino “de una vez para siempre”. Esto quiere decir que el único sacrificio de Cristo permanece para siempre (ver Catecismo de la Iglesia Católica n. 1364). Por eso dice el Concilio: “Nuestro Salvador, en la última cena… instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz.” (Ver Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium n. 47). Por lo tanto, el sacrificio de la Misa no es una repetición sino re-presentación y renovación del único y perfecto sacrificio de la cruz por el que hemos sido reconciliados.Lee más: https://www.aciprensa.com/recurso/4487/esta-cristo-presente-en-la-eucaristia
¡Sí! No importa en qué país celebres la Misa, siempre contiene las mismas partes (Liturgia de la Palabra y la Litugua de Eucaristía). Jesucristo celebró la primera Misa con sus discípulos en la Última Cena, la noche antes que Él murió. El dió el mandamiento a sus discípulo, «Esto es mi, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía» (Evangelio Segun Lucas 22:19). La celebración de la Misa entonces se volvió la forma central de alabar a Dios, como una recreación de la Última Cena por que así dió el mandato Cristo. La Misa “re-presenta” (hace vivo) el sacrificio en el Calvario y Católicos por todo el mundo y en todos los rincón de la tierra estan presente para alabar a Jesus.
Y depende… Quien va a tomar la primera Comunión debe confesarse antes de hacerlo. Quien ha cometido un pecado mortal, también debe hacerlo, para recuperar la gracia antes de comulgar. Quien está en estado de gracia no necesita hacerlo.Premisa“Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”. Se recibe al mismo Cristo. Es necesario hacerlo con dignidad.Dos condicionesLa Comunión no es un premio. No se precisa ser santo para comulgar. Es una necesidad espiritual, pero tiene unos requerimientos básicos.Las dos primeras condiciones son de origen divino, surgen de la realidad de la Eucaristía y están consignadas en la Sagrada Escritura: Dice San Pable en I Corintios 11, 27-29: “Quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo.”Es necesario distinguir -saber a quién se recibe- y estar en estado de amistad con Dios. La Teología lo llama “estar en estado de gracia”. Se pierde por el pecado mortal, que rompe la comunión de vida con Dios. Se recupera en el sacramento de la Penitencia.Respecto a la confesión y la Eucaristía, la Iglesia concretó explícitamente dos preceptos:• antes de la Primera Comunión es necesario confesarse.• si se ha cometido un pecado grave, es necesario confesarse antes de comulgar.¿Conveniente o necesario?Salvo los dos casos señalados no es necesario confesarse antes de comulgar. Si una persona está en gracia, aunque haga mucho tiempo que no se confiesa, puede comulgar con toda tranquilidad. No debemos añadir más condiciones que las que realmente existen. La confesión frecuente es una práctica muy recomendable para el crecimiento espiritual, tener el alma más purificada, etc. Pero esto es otra cuestión. Una cosa es la convenienciade la confesión frecuente y otra distinta que sea necesidad para recibir la comunión si unoestá en gracia (que no lo es).Hasta aquí todo resulta bastante claro.
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